La agroecología como alternativa a los agrotóxicos

LA EXPERIENCIA DEL INSTITUTO DE CULTURA POPULAR EN EL NORTE ARGENTINO (INCUPO)

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EXPERIENCIAS INSPIRADORAS: Partiendo de los cuestionamientos a la agricultura industrial, se sustenta la agroecología desde un enfoque integral que promueve el respeto de los ritmos de la naturaleza sin determinismos de explotación humana. La garantía de los productos naturales desde su siembra establece un manejo distinto de la relación de trabajo con el campo y el sector campesino, que se propone como alternativa frente al cambio climático.

 

CAMBIO DE RUMBO

Frente a los cuestionamientos que la comunidad científica mundial realiza sobre los graves daños al ambiente provocados por el actual modelo de agricultura industrial, la agroecología emerge como una posible alternativa para salvar el futuro del planeta y de toda la humanidad. El Instituto de Cultura Popular en el Norte Argentino (INCUPO), junto a técnicos de diferentes instituciones y organizaciones campesinas e indígenas impulsa desde hace 40 años experiencias de agricultura sustentable basadas en el respeto a la naturaleza, en articulación con diversas redes nacionales y latinoamericanas.

Un modelo agotado

El ingeniero Santiago Sarandón, docente de la Universidad de La Plata afirma que “los mismos organismos que impulsaron durante los últimos 50 años el modelo agropecuario basado en el alto uso de agroquímicos, también conocido como revolución verde, hoy reconocen que ese modelo está agotado”, y adiciona “…tanto el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), como la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y hasta el mismo Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en nuestro país, reconocen que si bien se generaron tecnologías que lograron aumentar la productividad y aparentemente la rentabilidad en la agricultura[1], este modelo no puede sostenerse en el tiempo. Por varios motivos, porque degrada el ambiente contaminando suelo, aire, alimentos, así como a las familias productoras y consumidoras; porque las malezas e insectos adquieren cada vez mayor resistencia a los agroquímicos; porque son tecnologías costosas que sólo se adaptan a grandes producciones y, finalmente, porque acelera el cambio climático al ser altamente dependiente de insumos que provienen del petróleo, con alta utilización de energía”.

Cambio de enfoque

Frente al diagnóstico planteado por Sarandón, de amplio consenso en la comunidad científica mundial, hay quienes afirman que la solución a los problemas está en la misma tecnología, aplicada en forma más eficiente, recurren al refrán el rumbo del barco está bien, sólo hay que tapar algunos agujeros. Sin embargo, constatamos que el problema es más profundo y sólo se soluciona con un cambio de rumbo con un cambio de paradigmas, de maneras de ver, de entender la naturaleza, por lo tanto, de repensar la ciencia y la educación agronómica.

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Es precisamente en esa búsqueda de nuevos rumbos, que las comunidades campesinas junto a técnicos e instituciones a nivel mundial impulsan diferentes experiencias de agricultura sustentable, también conocidas como agroecología. Muchas de estas comunidades campesinas e indígenas del norte argentino ya venían desarrollando naturalmente un sistema de producción diversificado, autónomo y amigable con el ambiente. A partir de los años 80 y especialmente desde el inicio de la década de los 90, con la profundización de la crisis de los productos regionales como el algodón y el tabaco, se comenzó a revalorizar la producción de autoconsumo apuntando a la venta de excedentes en el mercado local. La vuelta a la producción diversificada y a la venta local promovió la recuperación de prácticas productivas que en diálogo con la academia fortalecieron la producción hacia sistemas productivos agroecológicos.

 

A principios de los años 90, INCUPO comienza a utilizar el concepto de agroecología que, según las características regionales, fue tomando distintos matices. En las zonas más húmedas se desarrolló más la agricultura, en cambio en las regiones áridas y semiáridas la ganadería.

LA EXPERIENCIA DE INCUPO

Producción agroecológica en Corrientes

“Definimos a la agroecología como una propuesta de producción de alimentos que respeta la naturaleza, que reemplaza el uso de agroquímicos con prácticas naturales de manejo de suelos y control de plagas a través de la diversidad de cultivos” explica Fredy Fleitas, técnico de INCUPO e integrante del grupo de feriantes agroecológico Las Tres Colonias de la zona de Bella Vista. El grupo, conformado por 20 familias que se dedica a la producción de citrus, algodón, frutilla y productos de la huerta, que luego venden en la ciudad y otros mercados.

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El enfoque agroecológico de su producción fue desarrollado a través de pruebas y prácticas en sus chacras. También a través de la fusión de conocimientos campesinos con investigaciones técnicas aportadas por diferentes instituciones. La propuesta agroecológica parte de una visión integral del sistema, conformado por las familias, las plantas y los animales en relación armoniosa con el ambiente.

Este sistema se sustenta en dos ejes principales:

  • La biodiversidad: la variedad de cultivos asociados, la integración de los árboles al sistema permite que las poblaciones de insectos se equilibren y autorregulen, asimismo que no exista necesidad de usar plaguicidas. Si llegasen a aparecer algunos insectos o enfermedades, hay prácticas naturales para controlarlas.

Para el caso de las hormigas, por ejemplo, utilizan una mezcla de harina de maíz con una parte de semilla de tártago. La hormiga lleva esa mezcla al nido y el tártago elimina el hongo que le sirve de alimento a las hormigas.

Para controlar la mosca de las frutas utilizan un envase plástico de gaseosa, dejando la tapa y perforando la mitad de la botella, en la cual se agrega una parte de vinagre por dos partes de agua. El olor del vinagre atrae la mosca y al ingresar a la botella queda atrapada.

Dentro de las prácticas de control biológico o natural se incluye la utilización de plantas que repelen o atraen los insectos, o bien la asociación de cultivos que se potencian y complementan entre sí. Ejemplos como estos abundan por doquier, y son fruto del conocimiento adquirido por años (saberes) de observación, de pruebas y constataciones permanentes.

  • El reciclaje permanente de nutrientes: la fertilidad del suelo es la base principal. Para esto se implementan diferentes prácticas, como cubiertas verdes con diferentes leguminosas, rotación de cultivos, cobertura muerta o también conocida como mulch, que dificultan el desarrollo de malezas al tiempo que mantienen la humedad del suelo y le ofrecen fertilidad.

También se elaboran abonos orgánicos propios, aprovechando el estiércol de los animales y produciendo lombricompuesto, o bien produciendo el biofertilizante supermagro, de uso extendido entre los sectores campesinos. Se suma la producción de sus propias semillas, plantines y razas de animales adaptadas a la zona.

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Fredy Fleitas resume que: “…el objetivo de esta forma de producción es obtener alimentos sanos y naturales para nuestras familias y también para los consumidores que diariamente visitan las ferias. Por eso, todo este sistema depende también del apoyo de los consumidores que quieran apostar a una producción sana, que proteja la salud del ambiente, de las familias del campo y la ciudad”.

La garantía de productos naturales

Inspirados en experiencias de agricultores familiares de Brasil, en el año 2007, por ordenanza municipal se creó en Bella Vista el Consejo de Garantía Participativa, integrado por el grupo Las Tres Colonias, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Municipio local, INCUPO, la Secretaría de Agricultura Familiar, la Asociación de Consumidores y el Instituto Fuentes Godo de la Facultad de Agronomía.

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Gracias a las visitas permanentes a las chacras, productores y técnicos constatan que la producción se realiza en forma agroecológica, para lo cual se ejecutan diversos controles como sanidad de los rodeos, análisis de suelo y agua, capacitaciones sobre buenas prácticas de manipulación de alimentos, entre otras.

En los últimos tiempos la experiencia agroecológica de Bella Vista a se ha difundido en la región Chaqueña e incluso en otras partes del país.

A través de la Red Regional de Agroecología, conformada por productores e instituciones del Chaco, Santa Fe, Formosa, Corrientes y Misiones, la agroecología ha tomado impulso en las Escuelas de la Familia Agrícola de la región, en las Asociaciones de Ferias Francas, en varios grupos y comunidades de agricultores familiares. Asimismo, muchas de estas instituciones forman parte del Movimiento Agroecológico de Latinoamérica y el Caribe (MAELA), que articula organizaciones campesinas, comunidades indígenas, de consumidores y organizaciones sociales que defienden la agricultura campesina y familiar agroecológica del continente.

Manejo de bosque y ganadería ecológica en Santiago del Estero

Frente al avance de modelos de producción que degradan el bosque y expulsan a familias de las zonas rurales, se impulsan experiencias de manejo sustentable del bosque para producir alimentos sanos, favorecer el arraigo de las familias rurales y aportar al desarrollo local.

 “Partimos de valorar la cultura campesina y su sabiduría en el manejo sustentable del bosque nativo y la cría de animales, sobre todo de cabras” –expresa Sergio Parra, Técnico de INCUPO–, continúa “…nuestro trabajo junto a las familias campesinas, apunta a mejorar la nutrición animal y a un manejo sanitario preventivo, sin el uso indiscriminado de insumos químicos”.

En cuanto a los resultados, Parra comenta: “con la preparación de alimentos a partir del monte y la atención sanitaria preventiva utilizando medicina natural, las familias lograron reducir en más de un 70% la compra de insumos tradicionales como fardos y maíz. También, se logró reducir la mortandad de cabritos en un 93%. Se redujeron las compras de antiparasitarios en un 100% y un 72% en antibióticos. Esto permitió un ahorro de unos 10.000 pesos argentinos por año en la cría de unas 60 cabras”.

Marta Gómez, campesina integrante de la Meza Zonal de Tierras (MEZAT), cuenta la experiencia que adelantan 20 familias en la zona de Añatuya: "cuidamos el monte y criamos cabras desde siempre, alimentando el ganado con frutos del monte como la algarroba y la tusca. Los curamos con medicamentos naturales, como la tintura de ajo, que no sólo sirve para desparasitar sino también para elevar las defensas del animal. Junto a los técnicos de diferentes instituciones también nos capacitamos en la fabricación de alimentos balanceados y en la elaboración de silos subterráneos para almacenar frutos del monte”.

EL APORTE ACADÉMICO

Miguel Brasciolo, docente de la Facultad de Ciencias Forestales e integrante de Red Agroforestal Chaco Argentino (REDAF), advierte sobre la pérdida del 30% de los bosques santiagueños en los últimos años y resalta que: “según los estudios que venimos realizando, desde hace 8 años junto a diferentes instituciones podemos afirmar que los sistemas productivos campesinos son los más apropiados para la conservación de los montes, la producción de alimentos sanos y el desarrollo local de los pueblos”.

Brasciolo explica que las propuestas están avaladas por diferentes investigaciones o tesis doctorales como la realizada por Magdalena Abt sobre La función social del bosque, Restauración ecológica y ganadería campesina a cargo del ingeniero Santiago Cotroneo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Aporte del bosque a la economía familiar, por Matías Carigniano, entre otras investigaciones.

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El doctor Hugo Muratore, de la cátedra fisiología en nutrición, destaca que: “el consumo de carne producida en forma natural garantiza una nutrición adecuada, a diferencia de las carnes y alimentos con aditivos químicos que provocan enfermedades hepáticas, digestivas y que atacan nuestras defensas”.

¿Qué rumbo tomar?

Dos propuestas aparecen en el horizonte.

La primera de ellas está resumida en el Plan Estratégico Alimentario Argentino (PEA 2020), el lanzado en 2011, que propone ampliar la frontera agropecuaria para la siembra de granos. Intensificando la producción de alimentos en forma industrial: vacas en feed lots[2], produciendo carne cada vez con más antibióticos y hormonas, así como gallinas y pollos en jaulas produciendo carne y huevos con menos nutrientes y más bacterias, huertas en invernáculos repletas de venenos peligrosos. Es decir, basados en un sistema que seguirá utilizando casi 300 millones de litros de agroquímicos y que seguirá intoxicando hasta la muerte a los 12 millones de personas que viven en el sector rural.

El otro rumbo, es el propuesto por agricultores y técnicos, basado en un sistema productivo que respeta la naturaleza, que combina los saberes y conocimientos campesinos con los aportes de las investigaciones técnicas de profesionales que apuestan por una agricultura a favor de la vida. Lo que en otras palabras indica un rumbo que se construye en cada chacra, donde no sirven mucho las recetas, porque se parte de conocer y buscar alternativas en cada sistema, con cada familia.

Para fortalecer la segunda propuesta, hace falta construir nuevos conocimientos, nuevas investigaciones, nuevas metodologías de formación de profesionales. Así como contar con el apoyo del Estado en la adaptación de normativas sanitarias para la producción y comercialización, sobre todo en la aprobación de leyes, como la de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar, que favorece el acceso - derecho a la tierra y a proyectos que impulsan la producción agroecológica.

Agroecología y cambio climático

Si bien los procesos industriales son los principales causantes de gases de efecto invernadero, también lo es el modelo agrícola industrial. De hecho, en Latinoamérica este modelo es el responsable de por lo menos el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero a partir de la incidencia de toda la cadena de producción industrial de alimentos. Frenar esta cadena de destrucción climática es imprescindible si se quiere tener soluciones duraderas en el tiempo.

Desde INCUPO, apoyamos firmemente la transición hacia un modelo agroecológico campesino centrado en la protección de los suelos y la biodiversidad, en la formación de mercados locales y cadenas cortas de comercialización. Frente al cambio climático: es la agricultura campesina la que enfría el planeta, afirman muchos movimientos sociales y por eso reclaman: ¡La respuesta es cambiar el modelo y no el clima!

El futuro de la agroecología en nuestro país

En los últimos años, en el norte de nuestro país y, en especial en la región del gran Chaco, se está realizando un proceso acelerado de expansión de la frontera agropecuaria, en torno a los monocultivos (fundamentalmente soja, pero también arroz y monocultivos forestales con especies exóticas en Corrientes). Esto tiene gravísimas consecuencias para los territorios campesinos e indígenas, a través del aumento de la deforestación, la contaminación de suelo, el agua y la población con agrotóxicos y la expulsión de campesinos de sus tierras.

Esto que, en el gobierno anterior estuvo expresado en el PEA 2020, en el nuevo gobierno nacional se mantiene y profundiza. La devaluación y el retiro de las retenciones a productos del sector primario (especialmente agropecuario y minero) van a significar una mayor de presión sobre los recursos naturales y sobre las poblaciones rurales.

Como elementos positivos, vemos que en los últimos años ha habido una mayor apertura de algunos organismos estatales vinculados al sector de la agricultura familiar y a la agroecología. Si bien éstas no son preponderantes dentro de sus instituciones, se van generando oportunidades de desarrollo para otro tipo de producción. Es necesario que existan más universidades que difundan la agroecología para que se multipliquen los técnicos de organismos de promoción y control.

Sin embargo, todo el sistema de producción y comercialización en Argentina (instituciones técnicas, organismos de control, empresas y universidades), está orientado hacia el monocultivo y el gran mercado nacional o internacional, y esto hace que las experiencias agroecológicas se multipliquen con lentitud.

Un elemento que puede jugar positivamente para el desarrollo de la agroecología es la demanda de la población de consumir alimentos sanos, aunado a la expansión de sistemas de comercialización local o circuitos de comercialización alternativos que favorecen el vínculo productor consumidor. Asimismo, crecen las organizaciones de vecinos y consumidores, como la Red de Pueblos Fumigados, que exigen a sus municipios la prohibición de pulverización con agrotóxicos alrededor de los pueblos y ciudades, de escuelas y poblaciones rurales.

Vale destacar que la Ley de Agricultura Familiar aprobada a fines de 2014, tiene un enfoque agroecológico y promueve la conservación, multiplicación de semillas nativas y criollas, los mercados locales y muchas prácticas productivas acordes con la agroecología.

Por otra parte, en 2015 se logró finalmente la incorporación del artículo 154 tris sobre la Agricultura Familiar al Código Alimentario Argentino y se aprobó la incorporación del capítulo 33 al Decreto 4238/68 sobre reglamento de Inspección de Productos, Subproductos y Derivados de Origen Animal. Si bien estos artículos no se refieren específicamente a la agroecología favorecen la comercialización local de los productos y de esta manera la diversificación productiva, base de la agroecología. Otros proyectos de leyes como el de Fitosanitarios y el de Semillas están siendo ampliamente discutidos y han sido mejorados respecto de los proyectos originales.

En este contexto, se visualiza la agroecología como una propuesta privilegiada que favorece el arraigo de las familias aborígenes y campesinas en sus territorios, respetando su cultura y su economía. Favorece, además, su organización, la independencia de los productores de los mercados de insumos y productos, la producción sana de alimentos y una vida más saludable.

 

Crédito: Jorge Solari[3]

Para leer más puedes acceder al Libro Siembras del buen vivir: Entre utopías y dilemas posibles. ALER, Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular (2016). Quito – Ecuador


[1] La periodista Marie Monique Robin, en su documental Las cosechas del futuro rescata las investigaciones realizadas en Estados Unidos y Europa sobre los costos ambientales y económicos del uso de pesticidas. El estudio de David Pimentel, entomólogo estadounidense evaluó los gastos indirectos que genera la agricultura industrial, entre ellos la muerte de insectos benéficos, la contaminación del agua, el aire y las enfermedades que provocan los pesticidas en poblaciones campesinas, vecinos aledaños y consumidores en general. Hace 20 años el costo ascendía a 10.000 millones de dólares por año. Estos costos no son tenidos en cuenta a la hora de medir la rentabilidad. Muchas veces los argumentos varían, en Europa por ejemplo realizaron la cuantificación del costo sanitario provocado por el uso de pesticidas, para justificar el ahorro que significa su prohibición. Los investigadores encontraron pruebas muy sólidas del vínculo entre la exposición a los pesticidas y el cáncer. Basándose en esos datos, estimaron que la eliminación de pesticidas cancerígenos del mercado europeo podría evitar 26.000 casos de cáncer, lo cual equivale a 26 mil millones de euros por año. El costo sanitario producido por los pesticidas se conoce como externalidades, y son costos que no están incorporados en el precio que pagan los consumidores y consumidoras cuando compran un alimento en un supermercado.

[2] En inglés, lo que en otro tiempo se conocía como corrales de engorde de ganado.

[3] Comunicador del Instituto de Cultura Popular (INCUPO), en el norte de Argentina. Organización con presencia en la región Chaqueña desde fines de la década del 60, que, a través de la educación y la comunicación, impulsa propuestas con los sectores de la agricultura familiar y los pueblos indígenas, para el ejercicio pleno de los derechos de estos grupos. A los fines de aportar a las políticas públicas, se articula con otros actores y con el Estado. http://incupo.org.ar/

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